miércoles, 3 de febrero de 2016

LOS RELOJES

Las horas pasan de un lado a otro. Se corren las cortinas y un escenario nuevo aparece frente nuestro. El instinto de sobrevivir nos hace actuar, nos condena a la más ridícula forma de sumisión, encerrándonos en frágiles cuerpos, que a medida que el tiempo transcurre se van degradando hasta volverse invisibles.

Todo está en los relojes, en sus agujas, en sus minuteros. Estos son los culpables de dicha invisibilidad. Si los relojes no existiesen, tampoco existiría el tiempo; por lo tanto, seríamos libres de penares, de culpas, de obligaciones, seríamos seres libres de rutinas que nos atan a la vida y sus costumbres.

Los relojes tienen el malvado don de ajustarnos a sus delirios. Algunas veces se obsesionan y nos dejan en total obscuridad, otras nos llenan de luz, tanto que nos enceguecen.
Ya sé, ustedes me dirán que la tierra gira sobre su eje terrestre y que da vuelta sobre el sol cada 24 horas y, por eso, la noche y el día. También me dirán que vivimos en un tiempo circular, por eso las estaciones, etc.

¿Pero alguna vez se pusieron a pensar qué sería del tiempo sin relojes, qué sería de la vida sin estos?

El tiempo es abstracto, los relojes lo hacen concreto, ellos definen su cuerpo, le dan vida y lo usan a su antojo, siempre perjudicándonos, haciéndonos ver que no somos más que seres inofensivos buscando panaceas de cualquier tipo.

Ahora bien, digamos que nos ponemos en campaña y destruimos todos los relojes del mundo, (incluidos los de arena y los de juguetes ), no estaríamos librándonos de las cadenas que nos atan a la codicia de la muerte, ya que sin tiempo no habría vejez, tampoco enfermedades ni ningún tipo de adicción. En pocas palabras, seríamos eternamente jóvenes.

Ya sé que esto trae aparejados algunos complejos; por ejemplo, la fecha de los cumpleaños y el momento de la cena y el almuerzo o la merienda. Claro, también tendríamos que ponernos de acuerdo en los días y los meses, pero todo sacrificio vale la pena.

Creo que una vez que nos libremos de los relojes ya no tendremos que preocuparnos por madrugar para ir a trabajar, tampoco problemas con los regalos de navidad, ni los de reyes, ni preocuparnos por ir a fiestas en donde no nos sentimos bien.
Ustedes me dirán que tiene que ver esto con los relojes. Bien, al no existir los horarios no se pueden hacer festejos, sino cómo se haría para empezar y terminar una reunión, ¿díganme cómo?

¡Uhhh ! Está sonando la alarma de mi reloj. Tengo que ir a trabajar. Discúlpenme. Nos vemos otro día.

JUAN ARÉVALO.

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