miércoles, 3 de febrero de 2016
Se han detenido las horas
entre las muertas hojas caídas de otoño,
cuerpos amarillentos cubriendo las calles,
lágrimas silenciosas se desprenden del alma.
Nadie parece notar que ya no estás
nadie parece notar que ya no vendrás...
Un cigarrillo se consume en la solitaria
rendija de un cenicero de cristal,
melancólicas figuras que se desvanecen sutilmente
en el negro hollín del olvido.
Nadie repara en mí
nadie me pregunta por ti...¡ Nadie lo hace !
Las mustias flores del jardín de los recuerdos
se desangran entre la fangosa niebla de la despedida,
la noche infinita se adueño de tus labios
ya no laten los sueños, la piel ya no envejecerá.
Se han detenido las horas
ya no hay lunas ni estrellados cielos.
Un estrecho vacío consume la carne
que ayer fue vida
alimentando mis silencios nocturnos
silencios que hoy gritan desesperados tu nombre.
JUAN ARÉVALO.
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