Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento entendí que nada
se puede cambiar, que todo va a seguir siendo como lo es ahora,como lo fue siempre.
Me arrepiento de haber confesado mi crimen,nací humano y moriré siendo
humano, lamento haber confesado que tengo un corazón, el cuál me fue entregado
por mi creador y aunque mi cuerpo sea un rejunte de cables y tornillos, pienso y siento.
Soy humano, bajo este frío esqueleto de hierro habita un alma que no teme morir.
JUAN ARÉVALO.
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