domingo, 9 de julio de 2017

Ani sabía que un día todo terminaría. Lo supo desde el primer día
que vio aquellas hormigas muertas en las baldosas de la vereda, mientras
esperaba a la que nunca volvería. Las promesas no son verdaderas, son
frágiles, y se quiebran con el primer viento de otoño. Tía y Hermana son
las únicas que pueden ver dentro suyo y a veces les teme, pero sin ellas, su
soledad la hubiera asesinado hace mucho tiempo atrás.
El dolor del orfanato aún sigue en su piel, aún sigue atormentándola. Sus ojos ya
no hablan, el brillo se fue aplacando, ahora solo tiene heridas que cobrar, heridas que
nunca cicatrizaron.

JUAN ARÉVALO.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario