Hay una lluvia que moja la piel hasta volverla un insípido desierto.
Hay dos formas de vivir y una sola muerte.
Entre los olvidados rieles las esperanzas se suicidan a plena luz del día.
Hay una barca encallada en las arenas del tiempo, un rostro que se apaga,
una brisa que huele a orquídeas, una soledad que no concluye nunca.
JUAN ARÉVALO.
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