Finge una y otra vez, se mira las manos y vuelve acariciar mi pecho.
Sus piernas al costado de mis caderas, el vaivén, la soledad, el mido a llorar.
Cierra los ojos, balbucea, muerde sus labios, el sudor recorre sus pechos,
sus cabellos se desnudan en sus hombros...
No tiene nombre, lo perdió en un viento de otoño , ahora, solo sabe fingir.
JUAN ARÉVALO.
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