Un eco frío y melancólico envolvió su cuerpo.
Hacía dos meses que todos se habían marchado,
la nieve caída había borrado todo vestigio de vida .
La cabaña yacía enterrada bajo la blanca piel del invierno.
Su memoria había muerto cuando el hambre y la sed pudieron
más que el amor.
JUAN ARÉVALO.
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