viernes, 13 de mayo de 2016



Un eco frío y melancólico envolvió su cuerpo.
Hacía dos meses que todos se habían marchado,
la nieve caída había borrado todo vestigio de vida .
La cabaña yacía enterrada bajo la blanca  piel del invierno.
Su memoria  había muerto cuando el hambre y la sed pudieron
más que el amor.

JUAN ARÉVALO.



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