lunes, 16 de mayo de 2016



Todo se revelaba , los silencios gritaban en las penumbras
de los olvidos. La muerte se deshacía en el aliento putrefacto
de los cuerpos desnudos que desmembrados yacían esperando
al barquero que nunca vendría. Todo era un presagio, un sueño
que consumió su alma hasta encerrarlo en la antesala de la locura.

JUAN ARÉVALO.

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