jueves, 17 de marzo de 2016


Ya no estás, ni tampoco el deseo de amar. Todo ha muerto.
Ayer te vi reír por última vez . Algo me decía que mañana ya no estarías a mi lado.
Te vi cuando le sonreías, tus ojos brillaban, como cuando me sonreíste
por primera vez.

Que frío hace. El otoño a comenzado a mostrase, las horas se acortan
el sol ya no entibia las tardes, ya no cantan los pájaros ni juegan los niños
en la calle. Mientras preparo el mate pienso en lo que fuimos, me rio, ya
no quiero llorarte. La pava silva en la hornalla de la cocina , así como silva
el tren cuando se marcha llevándose con él las últimas horas de la tarde y
con ellas las esperanzas de los mendigos que anhelan dormir bajo un techo
y unas sábanas limpias...Yo soy uno de ellos...Rio, el agua ya esta lista.
Sin querer se me ha caído el mate sobre tu fotografía, arrugándola hasta
romperla. Se me hiela el corazón, era lo único tuyo que me había quedado,
se me humedecen los ojos...Carajo, ahora mi soledad es absoluta.

A veces quisiera odiarte, olvidarte, perderte para siempre, pero no puedo.
Has elegido caminar un nuevo camino, en donde la vida es más afable, más
próspera y aunque me duele cada centímetro de mi cuerpo te deseo lo mejor.
Tú me has enseñado a juntar flores muertas y hacer de ellas hermosos álbumes,
cementerios de flores, de recuerdos, de vidas pasadas a las cuales nadie  prestó atención.
Solo tú sabías admirar esos cuerpos descoloridos y trasparentes...
El cigarrillo que prendí hace un rato se consume en mis manos, ni siquiera he dado
una pitada, lo miro , veo como el humo juega en el aire, danza, forma figuras y luego
se desvanece , así como se desvanece mi vida en la melancólica espera, infértil
espera... Sé bien que ya no volverás.

JUAN ARÉVALO.






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