La pinto tan delicadamente como la soñó.
Su pincel trabajó día y noche, siempre con amor y esmeró.
Su dedicación le llevó toda la vida. Cuando despertaba
iba directamente a su taller de pintura, en donde lo esperaba
aquella silueta que de apoco revivía....A medida que transcurrían
las horas , la piel del pintor envejecía. Su amor lo iba encerrado en la total soledad . Se olvidó de su familia y ellos se olvidaron de él.
La casa empezó a decaer, las paredes se descascararon, el pasto creció tanto que una vez, un amigo preocupado al no verle,fue a visitarlo y al entrase en aquellos pastizales se perdió y nunca nadie jamás supo de él.
Su dedicación le llevó toda la vida. Cuando despertaba
iba directamente a su taller de pintura, en donde lo esperaba
aquella silueta que de apoco revivía....A medida que transcurrían
las horas , la piel del pintor envejecía. Su amor lo iba encerrado en la total soledad . Se olvidó de su familia y ellos se olvidaron de él.
La casa empezó a decaer, las paredes se descascararon, el pasto creció tanto que una vez, un amigo preocupado al no verle,fue a visitarlo y al entrase en aquellos pastizales se perdió y nunca nadie jamás supo de él.
Adentro, el hombre seguía dando vida aquella pintura. Ya no dormía, apenas se alimentaba. Ya no extrañaba la luna ni la estrellas que tanto sabía admirar por las noches.
Su amor se fue volviendo una profunda melancolía. Cuando estaba a punto de concluir el cuerpo soñado, se arrepentía, lo despintaba y lo volvía a pintar. Todo por miedo al rechazo,
sabía que él ya no era joven ni apuesto. Su obsesión por la que una vez soñó, ahora se había vuelto incertidumbre.
Su amor se fue volviendo una profunda melancolía. Cuando estaba a punto de concluir el cuerpo soñado, se arrepentía, lo despintaba y lo volvía a pintar. Todo por miedo al rechazo,
sabía que él ya no era joven ni apuesto. Su obsesión por la que una vez soñó, ahora se había vuelto incertidumbre.
Un día cansado se sentó y durmió una profunda siesta. En el sueño la mujer que él tanto deseaba se le apareció, tan bella y joven como la soñó por primera vez. La damisela no dijo una palabra, le miró y le amó. Mientras lo amaba el rostro de la hermosa joven iba envejeciendo, sus ojos dejaron de brillar, sus manos se descarnaban mientras le acariciaban el rostro. El pintor no se perturbó, sabía lo que la muchacha le decía sin palabras.
Cuando despertó, fue hacía la pintura y apresuradamente la terminó de pintar. Una vez finalizada la obra, retrocedió unos pasos y lloró desconsoladamente.
La pintó tan delicadamente como la soñó, aunque la joven, hermosa, perfecta y amada por él, había muerto hace tiempo atrás, de tanto esperarlo.
JUAN ARÉVALO.
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