viernes, 11 de marzo de 2016

se pierde la mirada en las lejanas montañas como buscando algo que jamás perdió.
Sus pupilas se humedecen, un silencio renace de una lágrima, que se desliza 
lentamente por las frías mejillas de aquel hombre que supo ser feliz.
Un trinar de pájaros lo envuelve aún más en su agonía.
La vida ya no le pertenece, el dolor aflora de su piel,
como el humo que va desprendiendo la vela a medida que va muriendo.
Se caen las vasijas de agua, espejos se rompen en la inmensidad.
Niños que ayer jugaban en sus areneros hoy están muertos,
las ruinas de un viejo convento acobija a los fantasmas que nadie quiere ver.
Estrecho sendero de cuerpos desnudos desmembrados de almas,
haciendo malabarismos por migajas...¡ Nadie los ve, nadie quiere verlos !
Un sutil viento acaricia el rostro del hombre seca la lágrima , escondiendo el dolor , 
perpetuándolo  en su interior.
Un muro de sentimientos lo aplasta , nadie sabe que siente, que piensa
pero todos lo juzgan. 
Su mirada penetra las sombras... Al filo del precipicio , él hombre abre sus alas
cierra sus ojos y se lanza al vacío..

JUAN ARÉVALO.



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