viernes, 11 de marzo de 2016


La pinto tan delicadamente como la soñó.


Su pincel trabajo día y noche, siempre con amor y esmeró.
Su dedicación le llevo toda la vida. Cuando despertaba
iba directamente a su taller de pintura, en donde lo esperaba
aquella silueta que de apoco revivía....A medida que transcurrían
las horas , la piel del pintor envejecía. Su amor lo iba encerrado en
la total soledad . Se olvido de su familia y ellos se olvidaron de él.
La casa empezó a decaer, las paredes se descascararon, el pasto creció
tanto que una vez, un amigo preocupado al no verle,fue a visitarlo
y al entrase en aquellos pastizales se perdió y nunca nadie jamás supo de él.

Adentro, el hombre seguía dando vida aquella pintura. Ya no dormía, apenas comía.
Ya no le importaba la luna ni la estrellas que tanto sabía admirar por las noches.
Su amor se fue volviendo una profunda melancolía. Cuando estaba a punto de concluir
el cuerpo soñado, se arrepentía y despintaba lo que había pintado. Todo por miedo al rechazo,
sabía que él ya no era joven ni apuesto. Su obsesión por la que una vez soñó, ahora se había
vuelto incertidumbre. Un día cansado se sentó y durmió una profunda siesta. En el sueño
la mujer que él estaba creando se le apareció, Tan bella y joven como la soñó en el primer
sueño que lo había hechizado. La damisela no dijo una palabra, le miro y lo amo. Mientras lo amaba
el rostro de la hermosa joven  iba envejeciendo, sus ojos dejaron de brillar, sus manos se descarnaban
mientras le acariciaban el rostro. Él pintor no se perturbo, sabía lo que la muchacha le decía sin palabras.

Cuando despertó, fue hacía la pintura y apresuradamente la termino de pintar. Una vez terminada la
obra, retrocedió unos pasos y lloro desconsoladamente.
La pinto tan delicadamente como la soñó, aunque la  joven, hermosa, perfecta y amada por él, había muerto hace tiempo atrás, de tanto esperarlo.

JUAN ARÉVALO.






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