Suspira por lo bajo, sostiene su alma en sus manos
sabe bien que ya no tiene nada. Busca en sus bolsillos
una moneda, no la encuentra, la ha perdido.
Su bastón ya no lo sostiene, sus piernas se tambalean,
el precipicio está aun paso y nunca quiso tener alas.
Su ansiedad lo ha vuelto solitario, su amor por el mundo
lo ha relegado ha sus comienzos.
Ahora, su voz se pierde en la nada, no hay nadie que lo escuche,
que lo haga volver a sentir.
Equilibrista, actor de una obra que nadie ha visto, prejuicioso
a la hora de decidir. Siempre vio el mundo desde afuera.
Fiel a la vida, aunque ésta siempre le haya sido infiel.
Nunca ha logrado alcanzar lo que buscó, siempre lejos de lo soñado,
no por propia decisión, inmaculado se muestra ante la vejes, como
si el perdón le fuese concedido.
JUAN ARÉVALO.
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