domingo, 21 de enero de 2018

Mi mundo esterilizado

Todo lo blanco con el tiempo se va cubriendo de polvo,
una capa y otra más hasta que la blancura desaparece.
La castidad es corrompida, lo nuevo va marchitando a medida
que es usado.
Nada perdura en su estado natural, ni siquiera las palabras.
Todo poco a poco va dejando su niñez perdiendo relevancia.
Las heridas van cicatrizando, el alma se torna pesada,
tanto que nuestros pies van menguando sus pasos.
Todo caduca, el hombre, sus inventos, sus religiones,
sus utopías, todo, todo tiene un límite, una edad, un ciclo,
un hola y un adiós.
La tierra va mutando año tras año, miles de especies mueren
y otras renacen.
El universo se expande, las estrellas se devoran a sí mismas.
Inexorablemente los mares irán abarcando todo, lentamente,
como un reloj de arena que ha perdido la noción del tiempo.
Ayer la naturaleza se paseaba desnuda e implacable,
hoy ha sido desterrada, asfaltos, enormes edificios, infinitas carreteras
le han sustraído cada uno de sus aromas debilitando su fortaleza.
El sexo, el placer de la carne, la procreación, la evolución, la necesidad
de permanecer intactos al transcurrir del tiempo fue manipulando al destino,
si hasta la muerte se siente insegura.

Mamá me llevó en su vientre por nueve meses, cuando me dio la vida lloró
emocionada ignorando que había dado al mundo un ser totalmente insolvente.
Lo tangible se va deshaciendo a plena luz del día.
Hoy a muerto un pez, nadie ha reparado en la tragedia, no era un pez cualquiera,
era el último de su especie.

JUAN ARÉVALO.












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