miércoles, 13 de enero de 2016


Una larga noche y la soledad se aferra a su cuerpo
tenazmente. Todos duermen, el frío envuelve lentamente
cada centimetro de su piel. Las esperanzas se han esfumadó
las cicatrices se reabren y la sangre fluye como el primer día
en que el adiós desangro por la herida cortante de aquella
daga. La lengua filosa de aquella mujer que amaba corto su
cordón umbilical, parido entre las miserias del abandono se dejo morir..

JUAN ARÉVALO

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