
Nunca supo que hacer con sus heridas, sus lágrimas bañaban su cuerpo,
el dolor la consumía día a día,su piel había envejecido, las flores marchitaban a su paso,
la tristeza que emanaba su andar, se sentía en los ajenos cuerpos consumiéndolos como a ella misma.
Una noche mientras leía un viejo libro de hechizos, al cual amaba profundamente,
una voz le hablo a los oídos
-- Tienes el don de la magia, usa el cofre, en él están todas las respuestas--
Luego la voz callo para siempre.
Algo confundida, cerro el viejo libro y busco entre los rincones de la habitación
aquel cofre que jamás nunca había visto.
Sus ojos preso del dolor, humedecidos por la pena y la soledad se perdían en las
obscuridades más hirientes de los rincones tratando de dar al fin con el objeto anhelado.
Cuando al fin se estaba por rendir en su búsqueda, diciéndose a sí misma que todo era un
engaño que su mente le jugaba, vio una tenue luz que se filtraba por un pequeño hueco
que había en la pared justo al ras del piso, se arrodilló y con
sus manos extrajo aquel cofre tan buscado, maravillada por su tesoro , sonrío, hacía tiempo que no lo hacía. Una extraña sensación se apodero de su cuerpo, sus ojos brillaron ,su piel rejuveneció,
las cicatrices desaparecieron al igual que su tristeza, todo parecía un sueño de hadas,
un cuento mágico, un hechizo salido de un viejo libro.
JUAN ARÉVALO
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