lunes, 26 de octubre de 2015


No puedo olvidar aquella mirada que se perdía en el horizonte
cual velero en el mar...

Silencioso , mirando a la lluvia  manipular
las horas que melancólicas se arrastran sobre los vidrios de mí ventana
dejando un rastro de muerte avejentada tras de si.
No puedo dejar de sentir aquellas mudas caricias
que seducían en la obscuridad mortal del silencio
cual se evaporaba, en el aliento mustio de tus labios...
Que cruda la vida, que fría e intensa la muerte
desnuda y soberbia reía a carcajadas ...
Ya, ha pasado el invierno , la primavera florece
en  frágiles capullos  y en el  verde cesped
de la aurora ignorada por las golondrinas...
Amor , me duele la vida , me pierdo entre
el blanco de mí cabello y las agujas del reloj
que se apresuran por las mañanas y se vuelven
lentas y toscas por las tardes.
Recuento los días pasados , prendo velas , camuflo
la soledad con tu fotografía, río con ella, también lloro a su lado
Pero que perversa la lluvia, aún no cesa , las calles
estan inundadas , rebalsan lágrimas los cuencos , los pájaros
alegres juegan en el bebedero, olvidado del patio
el cual te vio pasar vestida de blanco , eterna , sublime
etérea , silenciosa como la más brillante de las estrellas
rebozando destellos infinitos...
Amor me duele el dolor de las negras mariposas
que heridas de muerte se pierden ociosas y ausentes
en limonero seco y abatido....

JUAN ARÉVALO








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