Las noches siempre nos encontraban desnudos, haciéndonos el amor,
traspirados ,con los cabellos revueltos , las venas hinchadas en insomnios
y la ausencia de reproches acariciándonos tímidamente.
Un cigarrillo fumado en silencio, un vaso de whisky arriba de la mesita de luz
al lado del velador junto a los libros,las libretas ,los casetes de blues y tus anteojos
los cuales amabas tanto que el día que se rompieron los lloraste,así como
se llora un adiós definitivo, como se llora la ruptura de la muerte y el miedo a envejecer...
JUAN ARÉVALO
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