domingo, 7 de junio de 2015


El roció la envuelve
frágil capullo
el alma esta encerrada
en sus pétalos
de azúcar, de lilas, de ausencias...
El mar la llama
inmensidad que la inunda
la vida entre sus dedos se escapa
cual remolino
agitando, sus cabellos de olvidos...
El viento
suavemente la desnuda
 ¡la desnuda...!
y juega con las verdosas
 pupilas de sus ojos mustios
que no hacen más que nombrarlo
cada vez que el azul
le moja los contornos de su falda.

   JUAN ARÈVALO










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