martes, 14 de febrero de 2017



El sentimiento brotaba de cada lado de sus mejillas
como una llovizna de ojos sin lágrimas. Sus años la habían
atrapado dentro de una invisible jaula cuyos barrotes contenían
la vida y la muerte. Un día, sin quererlo abrió la puerta de aquella celda
que tanto le había negado y contempló asombrada el mundo exterior
que se desangraba en inútiles guerras y amores infieles.
No soportó tanto desprecio amontonado como una montaña de estiércol y sin dudarlo volvió a
su jaula, no sí antes acariciar una  hermosa paloma que posada en sus manos moría de soledad.

JUAN ARÉVALO.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario