A mi madre
--No detengas tu rumbo -- Dijiste y te llamaste al silencio.
Después de algunos años entendí aquellas cuatro palabras.
Hoy, en medio de tanta intolerancia puedo sentir tu tristeza
y el porqué de tu voz anclada en el valle de negrura infinita.
¿ Y qué importa que lloren los sauces ?
¿ Y cómo encender la llama de la vela que entibiará a los espíritus,
qué dentro de ti dormitan ? .
Mis voces, todas las que tengo, te llaman en la plenitud del día
y en las opacidades de mis sueños hechos insomnios.
Mis soledades, todas las que poseo, imploran por ti
en las horas ocultas del sol y de la luna.
Mis vestiduras, las que me pertenecen solo por conveniencia
con la estética colectiva y de la locura escondida
dentro de rostros que lloran como niños, cuando nadie los mira.
Vestiduras que se desgarran por toda la casa
dejándome desnudo, como una violeta muriendo en un fangoso lago.
¿ Y porqué hay muros invisibles dentro de las viñas dividiendo las uvas negras de las verdes ?
¿ Porqué hay nostalgias que gimen sobre los cobertizos ?
¿ Porqué se renuncia a la vida si aún no se está muerto ?
¿ Porqué llueve en los labios y en los ojos la nada se extiende como hiedra venenosa ?
No hay cadalsos que no lloren sangre.
Se cortaron los hilos de las marionetas
las miradas narran historia de encierros y sumisiones.
Cansados instantes se revuelcan entre el estiércol de las mariposas
que deambulan solitarias
como sabias y hermosas ladronas de esperanzas.
Te pronuncia la vastedad en su fantasmal eco.
Cantan los buitres que reposan sobre los esqueletos de los soldados caídos.
Te llamo desesperado desde mi destierro. Confronto la desolación
desde mi pequeña casa que yace hundida entre las secas malezas.
Enmascarada la muerte besa tiernamente a la dormida.
La soledad esgrime una filosa daga entre las piedras y el polvo.
Tú vives tu muerte cíclicamente,
la reencarnación brillando en todo su esplendor.
Mueres y naces, naces y mueres al unísono con los parpadeantes ojos
por las mañanas cuando despiertan, por las noches cuando se cierran al dormir.
Sobran los espejos, el rostro envejece rápidamente
los cabellos se vuelven blancos y las palabras ceden su lugar a los recuerdos.
Frágil mistura la de los creyentes más fervorosos
después de la noche las aguas pierden sus espumas y sus cristalinos azules.
Herido, un pájaro reposa su agonía en un rosal
sabiendo que va a morir empieza su trino
como una súplica perversa.
El dios de los pájaros descansa cómodamente en su lujoso nido.
-- No detengas tu rumbo -- Dijiste y te llamaste al silencio.
La distancia se acorta, bailan felices las gotas de lluvia
dentro del cuenco de lágrimas.
JUAN ARÉVALO.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario