viernes, 29 de mayo de 2015




Una casa, un patio de lajas descascaradas, tristes. Un árbol desnudo, de corteza dura desprendiendo sus miserias, un regreso inesperado, ella regresa.
Se cubre de polvo el piano, se cubren de polvo las maletas, los vidrios de las ventanas se empañan, el perro se tiende sobre la alfombra desgastada, y ella silenciosamente prende un cigarrillo mientras lo mira a èl , que sin decir palabra se viste, melancólicamente baja la mirada, y se acomoda sus zapatos , sabiendo que ese ritual sagrado se detendrá.
Mañana serán desconocidos, simples mortales , caminantes sin nombres...
Ella ha vuelto, sin aviso, sin importarle nada , ella volvió con su sonrisa , con su vestido largo ajustado ( que en ella lucia extraordinariamente bien ), color negro, con su perfume que huele a rosas húmedas recién cortadas,  con los ojos verdes , con su rostro blanco hermoso...
Èl la abraza , le dice al oído una promesa que sabe que no la cumplirá, besa sus labios, besa sus mejillas y le acaricia suavemente su espalda.,ella no puede evitarlo y rompe en llanto, sus lágrimas mojan la alfombra cual las bebe lentamente...
Luego de un largo silencio los dos amantes se despiden.Ella vuelve a su departamento, en donde nadie la espera. Èl vuelve a su casa en donde su mujer recién llegada le espera  sentada en su cama con el deshabillè  a medio cerrar y una botella de vino caro.

  JUAN ARÈVALO

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