Alborotado está el lecho
tu corazón florece en albricias
alarido del viento
las lágrimas del nocturno roció
que se desvanece
cuando la luna llena
nos invade
con su eterno deseo de sentir tù alma
Un alud de sentimientos
nos cubre
instiga nuestros instintos
más tu altivez de mujer elegante
se vuelve aguacero
derramando su fresco goce
sobre mí cuerpo desnudo e indefenso.
JUAN ARÈVALO
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