A mi madre
Te enciendes en la oscuridad,
te vuelves luz alumbrando mí hogar.
Te haces viento y me das libertad
te vuelves melodía y alimentas mí laúd.
Abarcas las inmensidades
recogiendo los frutos caídos,
me estiras tus manos
cuando mis ojos están ciegos.
Haces de mis silencios
alborozadas canciones...
Me regalas el don de lo divino
la riza de las flores,
el azul del mar
el celeste cielo.
El secreto mejor guardado de la mariposa.
La arena del desierto
El crepúsculo y la aurora.
El padre besando a su hijo,
la madre amamantando a su niña.
Te sientas en silencio a mi lado,
dejas que tu corazón
bienhechor
haga de mis preguntas claras respuestas.
Después, sin decirme nada
te alejas,
llevando contigo el dolor de las lágrimas.
Dejándome a cambio
el tesoro más preciado.
El amor divino de una madre
que besa a su hijo en pos de la muerte .
JUAN ARÈVALO
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