lunes, 27 de junio de 2016


Parece que fue ayer cuando la vi parada en medio
del jardín. Su escote pronunciado, sus cabellos rubios
su cartera marrón colgando de su brazo. En sus labios
las horas se desvanecían, como se desvanecen los últimos rayos
de sol al caer la tarde...
Hermosos bergantines se acumulaban en sus pupilas, bergantines
que fueron naufragando en lágrimas, así cómo naufragan
las palabras en un vaso de vino tinto cuando la melancolía
se adueña del silencio que suavemente nos acaricia en nuestra
soledad...Lastimera elegía , viento sur , frío de ausencias.
Su cuerpo, un punto en medio de la nada, un coral colorido
alimentando tristezas, frágil capullo buscando ser consolado.
Parece que fue ayer que su perfume impregnado de ella penetro
cada poro de mi piel así, como penetra el viento de otoño  las
paredes de adobe de las pequeñas casas del pueblo que me vio nacer,
pariendo silencios que se amontonan unos sobre otros, como
granos de arena que esperan pacientemente que alguien los esparza
lejos...Muy lejos...Así fue como su aroma de mujer me atrapo
envejeciendo de repente todas mis esperanzas.
Yo no me podía quedar y ella ya no podía partir.

JUAN ARÉVALO.
























¿ Pero y yo ?...¡ Quien era yo !....Yo un ser errante, desconfiado
de la vida, payaso para los de afuera , mi forma de vestir, mis risas
espontaneas, mis modales toscos y mis caminatas diarias. Adentro
nada , una vacía

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