Los cuerpos surgían de las flores, como surgen los días de la nada
y se van impregnando en un cielo cada vez más oscuro.
Todos carecían de memoria, habían muerto hace tiempo.
Los niños en su inocencia soplaban las almas en penas, se divertían
con la soledad de aquellos renacidos que sin dar ninguna resistencia,
se meneaban al ritmo del aliento tibio de aquellos pequeños ignorantes .
JUAN ARÉVALO.
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