viernes, 20 de noviembre de 2015



En esa calle, de cuesta abajo , lo encontré. No sabía en ese entonces cuanto necesitaría yo de él.
Era principios de la primavera. Los niños jugaban en las veredas a remontar barriletes de papel  , el viento soplaba suavemente , las ventanas y las puertas de las casas estaban abiertas , el calor permitía hacerlo. El tiempo parecía muerto, una gota de sudor corría por mí frente , mis pies acalambrados  de tanto caminar , fueron tres días hasta llegar al pueblo. Sólo descansaba por las noches, aunque no en todas . Obscurecía tarde y amanecía temprano , cuando me llegaba el sueño ya tenia que volver al camino.
Mí encuentro con él fue fortuito. El sol calcinaba todo , las calles ardían bajo mis pies descalzos , las flores morían una a una, la falta de agua y de sombra la condenaban a morir lentamente . Me volví hacia una calle que cruzaba el pueblo, pude ver un pequeño árbol ,en donde refugiarme del impiadoso sol  . Llegue a el , me dispuse a sentarme cuando de repente una voz aguda , me dice que no hay lugar para dos , que sí quería una parte tendría que pagar por ella. Mire a de lado a lado , pero no vi a nadie ,titubee , pero ya no tenía fortalezas y me senté de bajo de aquel árbol a la sombra fresca de sus ramas.

---¡Dije que tienes que pagar por descansar , bajo mí árbol !---

Separé mí cabeza del tronco y volví a mirar a mis costados.

---¿ Quien eres ? ¡Donde estas !--- Grite , ya con enojó.

---¡ Soy el dueño , de este árbol, por lo tanto la sombra que el brinda me pertenece , es mía !---Respondió la voz , algo exaltada .

---¡ Tuya !. No me hagas reír, déjame tranquilo. ¡ Ve a molestar a otros ! --- Dije , volviendo a apoyar la cabeza contra el tronco, mientras cerraba mis ojos.

Tan cansado estaba que me dormí profundamente. Cuando abrí los ojos ya había obscurecido. El cielo se prendía y apagaba y en su medio una luna gigante y blanca me miraba fijamente. Nunca había visto noche como aquella , el aire olía a amapolas, se podía oír el ruido de una cascada, también grillos y algunos aullidos de lobos. El nombre del pueblo ALMAS ROTAS me vino a la mente y un escalofrío me cruzo la espalda . La noche era cálida, pero su calidez me puso nervioso. Mis pies doloridos y apoyados , mí boca seca , me dolía la garganta hacía dos días que no bebía , ni comía , todo mi alimento no era más que un trozo de pan, una manzana y dos ciruelas que comí a las hora que salí de casa.

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