lunes, 20 de marzo de 2017


Armó su bolso una mañana y me dijo adiós, mirándome fijo, como buscando
algo en mis ojos, una duda, un reproche, un "lo siento". Pero en verdad
nada había pasado. Los días iban y venían, siempre despejados, no hubo
tormentas ni fuertes vientos, solo palabras repetidas que ella despintaba y volvía
a pintar con sonrisas y lágrimas.
No quise preguntar nada, a veces muchas preguntas terminan por desatar una
fuerte discusión, y todas las vidas y todos los días se vuelven negros y la lluvia
comienza y no hay quien la pare. Dicen que el tiempo hace del amor una fría rutina,
la llama que lo enciende se va aplacando y una vez extinguida es mejor la distancia.
Ella nunca supo fingir, no lo necesita no le importa adular o ser adulada.
Hoy en la mañana creí escuchar su voz  en la vereda, me asomé por la ventana, la
soledad se manifestaba en papeles y hojas secas que el viento sometía a su gustó.
En algún lugar del mundo, ella está sonriendo, pensando, llorando, acumulando
tristezas o haciendo el amor con los recuerdos. Sé bien que un día volverá, quizás
con la piel un poco arrugada,con los cabellos más largos y los ojos tenues,
y las uñas de sus manos sin pintar.Con algo de melancolía me dirá que me quiere
y que nunca dejó de hacerlo. Lo sé, sé que un día volverá y con ella la vida retomará
su andar por toda la casa, una vez más.

JUAN ARÉVALO.








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