Era un sábado, nunca olvidaré aquella tarde.
Cuando golpearon mí puerta la lluvia aún
continuaba.Eran dos amigas, cada una de
ellas traían una botella de vino y algunos
paquetes de cigarrillos. Cuando vi sus sonrisas
cómplices mí alma sintió la sensación de estar
en el momento justó.
Dejaron los vinos y los cigarrillos en la mesa
ratona de la sala y enseguida fueron a poner
música. Sus minifaldas me excitaban demasiado
siempre lo hacían.Esa tarde ellas fueron pasarla
bien.Luego de unos minutos de alcohol y tabaco
nuestras miradas se cruzaron y todo empezó.
Primero se sacaron las remeras, una de ellas no
llevaba sostén sus pechos me volvieron loco.
Mientras el corvino negro de la otra amiga
pedía a gritos que fuese arrancado.
El alcohol había echo efecto, yo y ellas
los tres en un solo cuerpo.Una de ellas
se quito su minifalda , la otra me quito
la remera, la música sonaba alto y mí
cuerpo se estremecía al compás del
carnal deseo...
La tarde del sábado se volvió candente
ritual.No había vuelta taras el sudor
me corría por todos lados. Sentí algo
de miedo cuando una de ellas me llevo
a la habitación y acostándome en la cama
me ato de pies y manos. Luego sentí
la risa , vi la vela y el calor de su cera
sin piedad corrió por todo mí pecho...
Juan Arévalo
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