miércoles, 23 de septiembre de 2015


Era un sábado, nunca olvidaré aquella tarde.
Cuando golpearon mí puerta la lluvia aún
continuaba.Eran dos amigas, cada una de 
ellas traían una botella de vino y algunos
paquetes de cigarrillos. Cuando vi sus sonrisas
cómplices mí alma sintió la sensación de estar
en el momento justó.
Dejaron los vinos y los cigarrillos en la mesa 
ratona de la sala y enseguida fueron a poner 
música. Sus minifaldas me excitaban demasiado
siempre lo hacían.Esa tarde ellas fueron pasarla
bien.Luego de unos minutos de alcohol y tabaco 
nuestras miradas se cruzaron y todo empezó.
Primero se sacaron las remeras, una de ellas no 
llevaba sostén sus pechos me volvieron loco.
Mientras el corvino negro de la otra amiga 
pedía a gritos que fuese arrancado.
El alcohol había echo efecto, yo y ellas
los tres en un solo cuerpo.Una de ellas
se quito su minifalda , la otra me quito
la remera, la música sonaba alto y mí 
cuerpo se estremecía al compás del
carnal deseo...
La tarde del sábado se volvió candente
ritual.No había vuelta taras el sudor 
me corría por todos lados. Sentí algo
de miedo cuando una de ellas me llevo
a la habitación y acostándome en la cama
me ato de pies y manos. Luego sentí
la risa , vi la vela y el calor de su cera 
 sin piedad corrió por todo mí pecho...

Juan Arévalo


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